El último baile

No fue de día

ni tampoco era verano

pero había tanta sed

que bebieron sus miedos

y les sentó bastante bien.

No fue una fiesta de pijama

ni tampoco un cabaret

pero me sacaron a bailar

yo que bailo con cabeza y oído

calmé mi sed perdiendo el compás.

No era ningún refugiado

tampoco era mi patria del todo,

no tuve problemas con el idioma

pues en el lenguaje universal

solo sufren los idiotas.

Él le dijo que no

y escapaba tan campante…

encontró una tableta de chocolate

provocando subidón de azúcar.

Supo que le faltaba un baile.

Contaron hasta tres

después hasta siete

luego una pausa y volaron

igual que la bala

que dispara un soldado.

Con la mano en el envés

y el labio medio partido

bailaban hasta el amanecer

abominando al frío.

Desabrochó sus pupilas

encontrando el puzle por hacer

piezas que ni encuentra ni imagina

y reclaman un fornido café.

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